EL Rincón de Yanka

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martes, 19 de septiembre de 2017

🏆 POR QUÉ ESPAÑA HA OLVIDADO Y NINGUNEADO A SUS GRANDES HÉROES




Por qué España ha olvidado 
a sus grandes héroes históricos

Existe un buen número de personas que llevaron a cabo actos que merecen un enorme reconocimiento, pero a los que hemos ignorado sistemáticamente
Cuando Henry Kamen presentó hace dos años su obra Poder y Gloria. Los héroes de la España Imperial (Ed. Espasa) se quejó de que en este país, por culpa de la falta de consenso a la hora de interpretar la Historia, se le ha negado a los héroes “un papel reconocible”. Cierto es que nuestras referencias más importantes del pasado se nutren sólo de mitos, como El Cid, y algunos grandes marinos como Colón, Elcano o Magallanes (portugués al servicio de la Corona de España), pero nuestras lagunas, ¿se deben a una politización del pasado o, simple y llanamente, al olvido en un país poco interesado en su propia cultura?

El almirante Blas de Lezo es el autor de la gesta militar española más importante de toda la Historia. Al menos, cuantitativamente. Derrotó en Cartagena de Indias a una flota británica cuya magnitud no volvió a verse surcando los mares hasta el desembarco de Normandía. No encontrará el lector biografías publicadas de este marino hasta el presente siglo. En Cartagena tiene una estatua (en la foto), numerosas calles en Andalucía, el País Vasco, Canarias y la Comunidad Valenciana, pero en Madrid, la capital del Reino, no ha sido hasta 2010 que se le ha dado su nombre a una avenida. En Vicálvaro y por una iniciativa popular, una recogida de firmas. 

La ideologización de la Historia

En el boletín del Ayuntamiento en el que se anunció la medida también se otorgaban calles a personajes como Mario Moreno ‘Cantinflas’, Enrique Urquijo de Los Secretos, Imperio Argentina, Jesús de Polancoy hasta Coco Chanel, un variopinto saco de nombres que no deja de ser irónico y representativo del olvido en el que había caído el militar “de heroísmo inverosímil”, como dijo refiriéndose a él José María de Areilza, ex ministro de Exteriores en el marco de las celebraciones de 1992.No obstante, hace un mes, se ha acordado de él Fernando Savater en El País. Y de su elogioso artículo se hizo eco también Esperanza Aguirre días después. El filósofo se sonreía, a la luz de la ferocidad en la batalla de Blas de Lezo, de que nadie se atrevería hoy día a “decirle a la cara a este vasco aguerrido que no era español”. Y la ex presidenta de la Comunidad de Madrid le felicitaba por sus palabras en un artículo titulado El orgullo de ser españoles. Aquí está el ejemplo paradigmático de cómo digerimos la Historia. U olvido, o instrumentalización política. No caben estadios intermedios. Ahora sólo faltaría un telefilm sobre el almirante, atento a su biografía sentimental, para completar el círculo.

Las víctimas de la contienda

Guillermo López, profesor de Periodismo de la Universidad de Valencia, relaciona esta dinámica con la tendencia natural de los medios de comunicación a explicar la actualidad acomodando la Historia a su orientación ideológica, y no al revés: “La Historia es muy importante para forzar conciencias, por eso en los medios masivos aparece para, básicamente, tirarse los trastos a la cabeza. En nuestro país los ejes están muy claros y diferenciados, son izquierda/derecha o separatismo/unionismo, pero en general la prensa no es muy consciente de la perspectiva histórica que adopta para estudiar las cosas”.

El ejemplo más evidente para este profesor es el de la Guerra Civil Española: “En los últimos veinte años ha ocurrido un hecho muy significativo, los historiadores han conseguido por fin contar las víctimas de la contienda, pueblo a pueblo, es un hito muy importante porque encima es información objetiva, pero no ha tenido un reflejo en los medios de comunicación, que han estado pendientes de la interpretación política del contexto, sumidos en polémicas que no han creado los historiadores. De hecho, con esta clara instrumentalización, los periodistas han llegado a arrinconar a los profesionales de la Historia. César Vidal, un habitual de estos temas, por ejemplo, no publica porque sea un historiador, sino porque antes se ha destacado como periodista”. 
Escondió monjas en su casa y tras curarse de las heridas que sufrió en la Batalla de Madrid, le pidió a Azaña poder viajar a Lourdes a dar gracias a la Virgen
De esta manera, los soldados españoles que participaron en la toma de París en la II Guerra Mundial o las gestas militares de la División Azul, si no son temas tabú, su consideración sí que está circunscrita al ámbito ideológico. El consenso hay que encontrarlo en casos como el del diplomático franquista Ángel Sanz Briz (en la foto), también prácticamente desconocido entre los españoles hasta que el presidente de Hungría, Arpad Gonzc, colocara una placa en su honor en Budapest. Después llegó un artículo en la revista especializada La Aventura de la Historia a finales de los 90, cuando se imprimió un sello de correos donde aparecía, una biografía de Diego Carcedo en 2005 y un telefilm de Televisión española en 2011 protagonizado por Francis Lorenzo. A su gesta, salvar judíos de las garras de Hitler por su cuenta y riesgo, nadie le pone peros ni interpretaciones interesadas, no como a otros hechos protagonizados por españoles en aquel periodo.

Las historias ocultas de la Guerra Civil

Esta falta de de consenso tal vez explique el hecho de que los personajes relevantes o héroes olvidados de nuestra Historia aparezcan presentados en trabajos realizados ex profeso. A menudo, como meras listas de nombres. Al hilo de la Guerra Civil, destaca, por ejemplo, el libro Católicos del bando rojo (Styria) del investigador y periodista Daniel Arasa. En sus páginas encontramos la historia del general Antonio Escobar Huerta.

El que terminara siendo Jefe del Ejército de Extremadura de la República mantuvo intacta la profesión de su fe durante los años de la guerra. La sublevación le sorprendió en Barcelona y se encontró luchando en el mismo bando que los anarquistas de la FAI que despreciaban y perseguían sus creencias. Ni renegó de ellas ni las ocultó. Escondió monjas en su casa y, tras curarse de las heridas que sufrió en la Batalla de Madrid, le hizo a Azaña una petición insólita: poder viajar a Lourdes a dar gracias a la Virgen. La tendencia a denunciar el anticlericalismo de su bando ha conseguido ocultar la existencia de personajes de su perfil.
Estos héroes no encajan en los prejuicios que nos dictan los medios, que tienden a alimentarse de una polarización esquemática
O como en el caso de Manuel de Irujo, ministro de Justicia de la República durante un tramo de la guerra, que evitó persecuciones de religiosos firmando una orden que sancionaba las acusaciones falsas y las denuncias por ser sacerdote, además de luchar para restaurar el culto en la zona controlada por el Gobierno republicano. Otro personaje con una reputación cortada por el mismo patrón, que no encaja en los prejuicios que nos dictan los medios, que tienden a alimentarse de una polarización esquemática.

Y no será porque falten ejemplos de esta clase de libros. Héroes de los dos bandos (Temas de Hoy) de Fernando Berlín, versa sobre lo mismo aunque desde un punto de vista popular. Uno de los relatos que recopila es el de un jugador del Real Madrid, Juan Marrero Pérez ‘Hilario’, que intercedió por prisioneros republicanos en La Coruña ante piquetes encargados de dar el paseíllo. Pero la animosidad que sigue desatando la tragedia de nuestra guerra entierra el recuerdo de esta clase de personajes.

Héroes ajenos al público general

Es curioso, porque sobre otros periodos históricos también encontramos la misma presentación para recordar la existencia de individuos dignos de idolatría que permanecen en el anonimato. Es el caso de Héroes españoles de la A a la Z (Ciudadela Libros) de José Javier Esparza. Entre sus páginas encontramos al navarro Jerónimo de Ayanz y Beaumont, pionero del diseño de máquinas de vapor ¡en el siglo XVII!, Santiago de Liniers, que rechazó a los ingleses en Buenos Aires y Montevideo. O el comandante Carlos Palanca, al mando de las operaciones en Vietnam para la toma de Saigon en 1859. Son biografías, con gestas repartidas por todo el planeta, que conocen bien los aficionados a la Historia, pero que para el público general, que sería lógico que hubiera crecido escuchándolas, le resultan completamente ajenas. 

Capítulo aparte merecen las mujeres. En la aludida recopilación de Esparza aparecen varias, como Mencía Calderón, la exploradora que llevó a América el primer grupo de mujeres españolas. O Inés de Suárez(en la foto, en un grabado de Luis Rogers), que participó en la conquista de Chile en el siglo XVI. Pero para encontrar papeles destacados de mujeres en la Historia de España también, otra vez, hay que recurrir a obras recopilatorias antes que a los manuales.
María Sandoval “hizo esfuerzo en la defensa como el hombre más varonil” y Ramona García “arrebató el sable a un oficial, le golpeó e hirió con el”
Sobre la Guerra de la Independencia contra los franceses, uno de los sucesos históricos donde las mujeres tuvieron una participación más activa, está el trabajo de Elena Fernández Mujeres en la guerra de la Independencia (Sílex Ediciones). Al margen de las ineludibles Manuela Malasaña, Clara del Rey o Agustina de Aragón, esta investigadora ha reunido a partir de las declaraciones de testigos para la concesión de pensiones de guerra las actuaciones de otras mujeres contra los franceses en citas de heroísmo colectivo como el levantamiento del II de Mayo en Madrid o los Sitios de Zaragoza.

Así conocemos a María Sandoval, que “hizo esfuerzo en la defensa como el hombre más varonil”, Ramona García, quien “arrebató el sable a un oficial, le golpeó e hirió con el”, o la noble María de la Consolación Azlor que en Zaragoza arengó a las tropas desmoralizadas, disparó con fusil desde las barricadas, organizó una compañía de mujeres y convirtió su palacio en un hospital de sangre; y son sólo algunos ejemplos dignos de un guión de Hollywood de los que ha logrado compilar.

Más allá de la guerra

De todas formas, no todo el valor se demuestra en hazañas bélicas. Gloria Ángeles Franco, profesora de Historia Moderna en la Universidad Complutense de Madrid, destaca hechos heroicos en otros ámbitos que, desde nuestra perspectiva actual, puede que hayan tenido aún más relevancia que actuaciones temerarias en la guerra. Preguntada por una mujer relevante que permanezca en el olvido, cita a la condesa de Montijo, María Francisca de Sales Portocarrero y Guzmán:
Trabajó con una personalidad enérgica y brillante por la educación de las mujeres o mejorando la situación de las que se encontraban presas
“Era una mujer de la aristocracia que me llamó la atención porque, aunque perteneciera a la gran nobleza y tuviera sus ocupaciones y problemas, fue una persona que estuvo muy comprometida con su época, que estuvo muy interesada por los problemas que tenía el país. Podríamos considerarla, desde nuestra óptica actual, como una activista. En su caso, quiso participar en las asociaciones patrióticas que en la segunda mitad del siglo XVIII buscaban la felicidad y el bien general. Y le costó mucho hacerlo, los hombres se opusieron, temían que con una mujer metida su labor se convirtiera en algo frívolo. Pero finalmente ella consiguió, junto a otras trece mujeres, entrar en la Junta de damas de honor y mérito, adscrita a la Sociedad Matritense. Desde allí trabajó, con una personalidad enérgica y brillante, por la educación de las mujeres o mejorando la situación de las que se encontraban presas.

Sus trabajos en las cárceles hoy podrían ser considerados como políticas de reinserción -cambió las condiciones de alimentación y las higiénicas, acabó con el hacinamiento-, y sirvieron de modelo para otras asociaciones similares en otras provincias españolas. También reformó la Inclusa de Madrid para acabar con los terribles niveles de mortalidad infantil. Había una nodriza para cada siete niños y ella lo cambió por iniciativa particular suya. Fue, en definitiva, una mujer con una proyección social interesantísima y comprometida con su tiempo”. Heroínas de la Sanidad y la Educación. Unos derechos que han vuelto a reivindicarse actualmente y de los que ignoramos quiénes fueron sus precursores y a qué tuvieron que enfrentarse. 

Otro profesor, esta vez de la Universidad Autónoma, Javier Villalba, también elude subrayar la importancia de un personaje por su ardor guerrero. En su campo, la Historia Medieval, cree que debería ser más recordado Ruy González de Clavijo (en la imagen): “Fue el embajador de Enrique III de Castilla en la corte de Tamerlán. Para la época de la que se trata se le conoce muy poco. Llevar una embajada para entrar en contacto con ese Imperio es un hecho muy extraordinario. Las relaciones internacionales en la Edad Media son algo muy desconocido, pero el interés del rey castellano por entrar en contacto con Oriente Próximo demuestra una gran visión, es un factor decisivo, sobre todo de lo que iba a suceder en el futuro”.

En nuestra Historia hay personajes encomiables, en todos los ámbitos, y repartidos por todo el globo, y sin embargo parece que sólo los precisamos para nuestras diminutas pugnas ideológicas en lugar de servirnos para darnos una mayor amplitud de miras.

lunes, 18 de septiembre de 2017

ALMA DEL NOGAL: NUEZ OTOÑAL


Alma de Árbol: 
el Nogal de nueces

"Dios da las nueces, pero no las rompe". 
Franz Kafka

En la antigua Grecia el nogal estaba bajo la protección de Artemisa, diosa de la naturaleza, y fue una creación de su hermano Apolo, el Sol.

Según la leyenda griega, Dioniso, dios del éxtasis místico, se enamoró de Caria, princesa Laconia. Por una rara enfermedad, la doncella murió muy joven, y Dioniso, para inmortalizar a su amada, ya que no podía endiosarla, la convirtió en el árbol del Nogal. Artemisa, diosa de la naturaleza, impresionada por este amor, bailó alrededor del árbol, quedando establecida así la costumbre de hacerlo en ciertas festividades anuales helenas.
Los romanos lo llamaban “bellota de Júpiter”, de donde procede su nombre genérico, Juglans, del latin “Jovis glans”; a lo que se suma la realeza gracias al regia. 

El Nogal, Juglans regia, pone de manifiesto cómo están entretejida la vida y la muerte. La nuez, desde los tiempos en que el hombre vivía dentro de la naturaleza, ha estado rodeada de numerosos tabús, formando parte de los ritos y ceremonias de muchos pueblos. 

En los pueblos de el norte de Europa, encendían hogueras la víspera de San Juan, y la gente daba tres vueltas a la pira llevando en la mano una rama de Nogal. Las pastoras pasaban tallos de gordolobo y nueces por las llamas. Suponían que las nueces quitaban el dolor de muelas y que el gordolobo protegía a los rebaños contra enfermedades y hechicerías. Cuando el fuego se extinguía la gente se llevaba las cenizas, para guardarlas en casa o para esparcirlas por las tierras de labor con el propósito de destruir la cizaña y otras hierbas.

Los celtas lo relacionaban con las profecías y atribuían poderes afrodisíacos a las nueces. Los astures consideraban al "nozal" peligroso, pues todo aquél que se duerma a su sombra enfermará. En Oriente, es considerado un árbol de difuntos, plantándose en los cementerios, como aquí los cipreses. Por el contrario, en los países nórdicos, el nacimiento de un niño es celebrado con la plantación de este árbol. Las ramas de Nogal son colgadas en las ventanas para proteger contra los hechizos de las brujas, y no es raro encontrar gente que lleva una nuez para defenderse del mal de ojo. La medicina ayurvédica atribuye a la nuez un valor nutritivo cuatro veces superior al de la carne, mientras que la medicina china la emplea para aumentar la potencia sexual del varón; es símbolo de fertilidad tanto física como mental, ya que históricamente se asociaba la nuez con el cerebro y la cáscara con la cabeza, y al mismo tiempo se la relacionaba con los testículos y con la capacidad de procrear.

Este árbol proporciona el mitridato, antídoto universal contra todo tipo de envenenamientos, desde las mordeduras de perros rabiosos hasta picaduras de escorpiones. Esto al menos es lo que creían los romanos ya que, según dicen, entre los tesoros de Mitrídates, rey del Ponto y el mayor experto en venenos de la Antiguedad, se encontró la siguiente receta: una mezcla de nueces secas, higos, hojas de ruda, enebro y sal.

Naturalmente la nuez es parte integrante de las costumbres relacionadas con el amor y las bodas, el abandono de la casa paterna y la época de la soltería. En relación a esto, el nogal también hacía posible echar una mirada al futuro. Durante la recogida de las nueces las chicas arrojaban un palo al árbol; si éste quedaba colgado en las ramas ello era señal de que pronto se casarían. Los enamorados echaban nueces en los hogares: si éstas explotaban ruidosamente a ellos les sucedería lo mismo. Sin embargo, si se quemaban sin estallar les esperaba un matrimonio feliz.

En la antigua Roma el novio tiraba nueces a la multitud en señal de su renuncia a otros amoríos y aventuras eróticas. Actualmente en Italia la gente sigue arrojándole nueces, además de granos de arroz, a la pareja de recién casados.-

El Nogal más famoso del mundo se encuentra en Benevento, Italia, no muy lejos de Milán. En la Edad Media, el punto favorito de reunión de las brujas se encontraba bajo las ramas de uno específico, durante el cual asumían el papel simbólico de “señoras del juego”. Cuenta la leyenda que en Benevento, anteriormente llamado Malevento, sus habitantes, antes de convertirse al cristianismo, adoraban a los animales y a las plantas. En un asedio que sufrió la ciudad, el duque, de nombre Romualdo, prometió que si la ciudad libraba el asedio se erradicaría aquella tradición. Así sucedió, y el Nogal fue destruido, pero el culto prosiguió y, determinadas noches, el árbol reaparece poderoso.

Continuando con los mitos y leyendas, germen de las religiones al fin y al cabo, del Nogal se extraía el mitridato, un antídoto contra todo tipo de envenenamientos, desde la mordedura de perros rabiosos hasta la picadura de escorpiones. Por lo menos esto es lo que creían los romanos ya que, entre los tesoros de Mitrídates, rey del Ponto y el mayor experto de venenos de la Antigüedad, se encontró una receta en la que, utilizando 37 componentes diferentes, entre los que se hallaban las nueces secas, se mezclaban maceraban, convirtiéndolo en miel. Bastaba “una porción del tamaño de una almendra, disuelta en vino, para deshacer cualquier envenenamiento”.

Este impresionante árbol, puede llegar a los 30 metros de altura, posee unas aromáticas hojas, con un gran contenido en taninos de tipos gálico y elágico, así como juglonas, que impiden que otras especies colonicen bajo sus ramas. Además de por sus nueces, un excelente alimento, rico en aceites que ayudan a controlar el nivel del colesterol, es sorprendente la enorme cantidad de usos populares y remedios naturales que se le atribuyen. El té preparado con hojas de Nogal es benéfico para la diabetes, problemas estomacales por obstrucción o problemas hepáticos; desintoxica la sangre, limpiándola de impurezas, a la vez que ayuda a la mala circulación sanguínea y linfática; es buena para el debilitamiento físico, y ciertos problemas dérmicos: acné, llagas bucales, herpes, heridas supurantes, sabañones, picaduras. También es usada para la sífilis, los parásitos internos, el raquitismo, las paperas e, incluso, las hemorroides. Preguntando a los abuelos se aprende, se aprende mucho, y eso que falla la memoria… dicen.

domingo, 17 de septiembre de 2017

IGLESIA: ¡CUEVA DE LADRONES!

Iglesia: ¡cueva de ladrones! 
Una meditación impactante, 
pero necesaria

“Cuan contestable me resultas, ¡oh Iglesia!, y sin embargo cuánto te amo, cuánto me has hecho sufrir y sin embargo cuánto te debo, querría verte destruida y sin embargo, necesito tu presencia.

Me has proporcionado tantos escándalos y sin embargo me has hecho entender la santidad, nada he visto en el mundo más oscurantista, más comprometido ni más falso, pero tampoco he tocado nada más puro, más generoso y bello.

Cuantas veces he tenido deseos de cerrarte en la cara, con la puerta de mi alma y cuántas veces he suplicado morir entre tus brazos seguros.

No, no puedo librarme de ti porque soy tu aunque no por completo, además ¿dónde iría, a construir otra?, pero no podría construirla sin los mismos defectos porque llevo dentro los míos; y si la construyera sería mi iglesia, no la de Cristo. Soy lo bastante viejo para comprender que no soy mejor que los demás, ninguno de nosotros es digno de crédito mientras están en la tierra; San Francisco gritaba: ¡Tú me crees santo y no sabes que puedo aún tener hijos con una prostituta, si Cristo no me sostiene!

La credibilidad no es propia de los hombres es solo propia de Dios y de Cristo, Lo propio de los hombres es la debilidad, o a lo máximo la buena voluntad de hacer algo bueno con la ayuda de la gracia que brota de las venas invisibles de la Iglesia visible.

Aquí está el misterio de la Iglesia de Cristo, verdadero e impenetrable misterio: tiene el poder de darme la santidad y está fabricada toda ella, desde el primero hasta el último, de pecadores, de pecadoras únicamente, ¡y de qué pecadores!

Tiene la fe omnipotente e invencible de renovar el Misterio Eucarístico. Está formada de hombres que bracean en la oscuridad y que se debaten todos los días con la tentación de perder la fe. Es portadora de un mensaje de pura transparencia y está encarnada en una pasta sucia, como está sucio el mundo; transmite un mensaje de Evangélica Pobreza y no hace más que buscar dinero y alianzas con los poderosos.

Cuando era joven no entendía por qué Jesús, pese a la negación de Pedro, quiso hacerle jefe, sucesor suyo y primer Papa; ahora ya no me sorprende y entiendo cada vez mejor, que haber fundado la Iglesia sobre la tumba de un traidor, de un hombre ue se asusta ante a cháchara de una sirvienta, era como una advertencia continua para mantener a cada uno de nosotros en la humildad y en la conciencia de la propia fragilidad.

No, no salgo de esta Iglesia fundada sobre una piedra tan débil, porque llegaría a fundar otra sobre una piedra todavía más débil, que soy yo. Entonces trato de protestar contra mí mismo, y me doy cuenta de lo difícil que es la conversión, porque podría darse y se da que mientras estoy en un salón tras un opípero banquete discutiendo sobre los candentes problemas del colonialismo portugués con los amigos sociólogos refinados, yo olvide a mi mujer en la concina o a mi madre mientras lava completamente sola los platos usados en el festín, ¿o es que tal vez, el espíritu del colonialismo no está en el fondo de nuestros corazones? No, no está mal protestar contra la Iglesia cuando se le ama, el mal está en criticarla poniéndose fuera como los puros; no, no está mal lanzarse contra el pecado y las cosas feas que vemos, el mal está en cargárselas a los otros y en creerse inocentes, pobres y mansos.

Aquí está el misterio, esta mezcla de bien y de mal, de grandeza y miseria, de santidad y pecado, de Iglesia-Mundo, en el fondo soy yo. Si es así muchas cosas deben cambiar, si es así, yo Iglesia en mi visibilidad, debo presentarme de modo distinto ante el mundo; no debo presentarme como santo ante los pecadores, como justo ante los injustos, como puro ante los impuros, debo estar atento a no subir a un púlpito para predicar con demasiada facilidad a los demás, y con tanta seguridad dar directrices luminosas.
Es orgullo, sentirse seguro en la casa de la oración y no tener en cuenta el reproche de Cristo: “¡La habéis convertido en una cueva de ladrones!”
Cada uno de nosotros puede convertirse en una cueva de ladrones, entonces ¿qué debo hacer? 

Tengo la impresión, de que lo primero que debo hacer es cambiar de actitud, si es verdad que en mí cohabitan pecado y santidad, y que no puedo separar la realidad-Iglesia, de la realidad-mundo, he de ser más humilde al considerar las cosas que ocurren a mi alrededor; no puedo juzgar con tanta ligereza a los demás como portadores del pecado del mundo y sentirme como Iglesia siempre inocente. Si alzo la voz con tanta facilidad contra los pecadores, con idéntica facilidad deberé acusarme de las infinitas responsabilidades que me atañen.

Escuchando las predicaciones normales de la Parroquia, de las diócesis y también de más arriba, se tiene la clara impresión de que son siempre los otros los que pecan, mientras que nosotros como Iglesia, somos siempre inocentes.

Síntesis de un texto de Carlo Carreto, discípulo del Beato Charles de Foucauld hecha por Christian Huerta, misionero.



"La Iglesia (gracias al Espíritu Santo) transmite 
lo que el clerocentrismo jerarca reprime". 
Yanka


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JESUCRISTO SEÑOR DE LA IGLESIA PROFÉTICA