EL Rincón de Yanka

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jueves, 26 de abril de 2018

📒 VENEZUELA: BIOGRAFÍA DE UN SUICIDIO 💥#VENECIDIO

VENEZUELA 
BIOGRAFÍA DE UN SUICIDIO💥

“Venezuela arde por los cuatros costados, acorralada por el fanatismo y la tozudez”. Así lo afirma Juan Carlos Chirinos, escritor venezolano afincado en Madrid, que explica en “Venezuela, biografía de un suicidio”, por qué en ese país “están como están”.
MÍNIMA PRESENTACIÓN 

Este libro es una provocación. En primer lugar, por el carácter personalísimo de su enfoque. Venezuela, ahora mismo asunto público de todo el planeta, es abordada aquí como intimidad, como cosa y causa propia. La intensidad, la pasión, el abrazo que Chirinos despliega en su ensayo pertenecen a la esfera de lo que importa: el autor se aleja de cualquier fórmula académica o periodística, y escribe desde una perspectiva irrepetible: desde el título hasta el punto final, está presente la sensación de una Venezuela adolorida. Aquí, el país es un sujeto doliente, sometido a una conjunción de avatares. 

Es una provocación porque construye un relato que va y viene a lo largo de dos siglos, desde comienzos del XVIII hasta el comienzo de este XXI, alrededor de hechos que están ocurriendo ahora. En su trasfondo, el suyo es un ensayo sobre el presente y, más todavía, sobre la resistencia de todo presente a ser pensado. Quien lea las páginas que siguen será testigo de la lucha de un escritor por penetrar en una realidad que le concierne, pero que también concierne a treinta millones de venezolanos, y a otros millones de ciudadanos en el mundo, que siguen a diario lo que allí acontece. 

El libre arbitrio con que escoge sus fuentes, el modo como las usa y las entremezcla —las referencias de la Historia, los posibles mitos de la cultura venezolana, los hechos crasos, las leyendas urbanas, los discursos sobre la tradición política venezolana—, son los de un incitador: no un desplante, pero sí un método propio con el que logra abrirse paso en la complejidad. Porque, y esto hay que decirlo, Venezuela es ahora mismo una de las realidades más desafiantes del planeta: inextricable, mutante, voraz con las interpretaciones: las traga y las olvida. 
Chirinos, observador de esa complejidad, no le huye ni la resuelve con fórmulas hechas. Al contrario: asume la condición dramática del conflicto venezolano. Lo que subyace en su ensayo es el drama de una sociedad obligada a luchar para evitar el sometimiento. Y para escenificarlo, usa una lengua cargada de contrastes, donde los grandes enunciados conviven con flashes de la lengua coloquial: de todo ello surge una prosa que se abre paso. Que ilumina e interpreta. Que señala las claves. Que no dictamina, pero sí señala los caminos para seguir pensando a Venezuela, el país que el autor lleva en su alma. En sus pensamientos, que son como secretas oraciones. 
NELSON RIVERA 
INVENTAMOS Y ERRAMOS 

Ha llegado la hora de serenarse y de reflexionar sobre las razones de tanto fracaso. De examinar qué hemos dejado de hacer o qué hemos hecho mal. Ha llegado la hora de preguntarse no ya en qué ha fallado la democracia sino más bien en qué le hemos fallado nosotros a ella. 
Marcel Granier, La generación de relevo 
vs. el Estado omnipotente (1985) 

(Re)conozco de mi país unas pocas ciudades en las que he vivido o por las que he pasado. Algunas de esas ciudades quedan del otro lado de la frontera, pero en el fondo la patria toda permanece intacta en esa íntima piel que es la memoria. Mi exilio comienza cuando llego a un borde que se desvanece en cuanto pongo el pie sobre él. Y digo: no me quitan este trozo de país, lo llevo encima como una penitencia, para provocar. 
Para la exposición Manifiesto País, 
de Lisbeth Salas (Caracas, 2014)

MUCHÍSIMO ANTES DE ESCRIBIR estas palabras introductorias, cavilaba sobre cómo les iba a dar inicio. Durante un tiempo estuve a la caza de los vocablos que producirían el efecto justo para comenzar con buen pie la siempre secreta y difícil relación de los libros con sus lectores. Mi plan consistía en llamar a Ofida, mi mamá, que vive en Valera, la ciudad de los Andes venezolanos donde nací, lugar que he mitificado para gozo, burla y deleite de mis amigos («¡es el centro del mundo!», proclamo a los cuatro vientos no sin razón); le pediría a ella que me dijera al menos una cosa buena sobre Venezuela con la que pudiera arrancar mi prólogo. Con su imbatible optimismo, su inagotable buen humor, su ferocísimo entusiasmo y la devota fe en su dios estaba seguro de que, como flecha de bienaventuranza, me hablaría no de una sino de varias cosas buenas para dar inicio a este (tal vez demasiado pesimista) libro con unos toques bondadosos, pues tampoco se trata de agobiar al lector con un extenso peán guerrero abundante de llanto y descalabros. 
Releía y escribía, investigaba y anotaba; iba a la Biblioteca Nacional en el Paseo de Recoletos e invertía horas frente a mi computadora leyendo noticias y artículos, y mirando videos en torno al tema venezolano en YouTube, esa videoteca ahora indispensable, y otros medios. Recuperé de mis propias estanterías un ensayo al que no me había acercado bien del todo, y cuyo comienzo había olvidado. Se trata de El orden del discurso, de Michel Foucault, que no es sino la lección inaugural leída en el Collège de France el 2 de diciembre de 1970, con la que tomó posesión de la cátedra de historia de los sistemas de pensamiento. Su inicio iluminó un particular aspecto en la escritura de este libro en el que no había reparado. Dice Foucault que quiere deslizarse «subrepticiamente» dentro de su discurso, y «más que tomar la palabra, hubiera preferido verme envuelto por ella y transportado más allá de todo posible inicio». 

De modo que se trataba de eso: tenía que «deslizarme subrepticiamente» en mi libro. Porque todo lo que el lector encontrará sobre Venezuela en las páginas que siguen es apenas la continuación del discurso que cada venezolano de este tiempo lleva consigo, y rumia y desarrolla y discute y comenta y critica. No sería necesario, entonces, pedirle a mi mamá, allá en la arcádica Valera, que me orientara con su sabiduría, pues esta sería la «cosa buena» (o no) que de mi país querría destacar aquí, más que cualquier otra: los venezolanos hablamos de Venezuela con la propiedad del que la ha parido, sin pudor, con una seguridad solar que produce diversos efectos en quien nos escucha. Y el escepticismo no es el último de ellos. 
Cuando en 1999 Gabriel García Márquez quiso describir al recién elegido presidente Hugo Chávez, a quien acababa de conocer en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que los llevaba de La Habana a Caracas, apuntó lo siguiente: «Tenía la cordialidad inmediata y la gracia criolla de un venezolano puro». Como agudísimo observador de los demás, y habiendo vivido en Venezuela «cuando era feliz e indocumentado», el Nobel colombiano supo definir en dos afiladas expresiones nuestra idiosincrasia: «cordialidad inmediata» y «gracia criolla». No deja de asombrarme hasta qué punto era capaz García Márquez de profundizar en los tipos humanos y escribir sobre ellos con la precisión del neurocirujano. Hace poco el escultor español Andrés Alcántara, creo que citando a Picasso, me explicó que algunos pintores, cuando quieren plasmar el sol, ponen una mancha amarilla; y hay otros, como Turner, que de una mancha amarilla sacan un sol. Eso hace García Márquez. El mundo, sin embargo, siempre es el comentario de otra cosa. Aquellas dos espléndidas frases del escritor colombiano no pretenden agotar la definición de la identidad venezolana, por lo demás cambiante, al igual que todas. 

Finalmente no le he pedido a mi mamá que me dijera cosas buenas de Venezuela; coloco lo que he observado y lo muestro como lo he visto, lo he pensado, lo he leído y lo he estudiado. No quiero que mi cordialidad inmediata ni la parte que me toca de la gracia criolla disuelvan el defecto de mi pensamiento, el pentimento que subyace en toda idiosincrasia y que la hace hermosa y oscura a la vez y, por eso mismo, deseable. 
En este libro no intento ni por asomo contar la historia de Venezuela; ni siquiera una historia «alternativa» de Venezuela. A lo sumo he tratado de colocar un espejo frente a mi país y describir lo que veía. Notará el lector que el espejo está empañado, pero no olvide que el reflejo de la realidad, que es lo que nuestra memoria nos permite contemplar, jamás es la realidad misma. Además, hay un número no desprecia ble de documentos bibliográficos, hemerográficos y videográficos que he consultado para sustentar más o menos razonablemente lo que quería describir de esa realidad que, para parafrasear (otra vez) a Foucault, «tiene nuestra edad y nuestra geografía». Anoto aquí que en la bibliografía solo he colocado una muestra representativa de aquellos textos y obras directamente relacionados con Venezuela que me han sido especialmente útiles: la «verdadera» bibliografía, qué duda cabe, es enorme y discurre subterránea y crece sin cesar. Sé, sin embargo, que el arsenal documental que he usado, en vez de citas textuales, son excusas que apenas pulen el reflejo de país que ofrezco. Espero, no obstante, que este reflejo lleve algo auténtico: la bandera blanca que ondea en el puente que limita entre lo que somos y lo que hemos tratado de ser. 

Venezuela es una nación que ha tenido varias oportunidades de encarrilar su organización política y social hacia una condición más o menos estable; algunas veces lo ha logrado, pero transitoriamente. Quizá la principal tarea que no hemos cumplido es la de conformar una república sólida que de una vez por todas encuentre los mecanismos para generar más inclusión en vez de segregación; más conocimiento en vez de mayor fanatismo; una tarea que consista en hallar el país que se valore en su justa medida sin necesidad de recurrir a exaltados clarines épicos ni a luctuosas mantillas untadas de mala suerte. A veces pienso que los venezolanos necesitamos una buena dosis de ataraxia, el sencillo e imperturbable bienestar de ser y estar. No somos ni una pequeña Venecia ni la gran Venezuela ni el secreto mejor guardado del Caribe ni el epicentro de la Patria Grande: tan solo somos un país más que quiere ofrecer lo mejor de sí en el concierto de las naciones; y convivir. Simplemente eso: convivir. A la hora en que cierro estas páginas, Venezuela arde por los cuatro costados, acorralada por el fanatismo y la tozudez; por el hastío, el malandraje y la corrupción; por el hambre, la mezquindad y el crimen. Termino de escribir y el futuro es cada vez más opaco, más incierto. Una larga hora menguada que no parece tener final. 

Puede que el subtítulo de este libro, biografía de un suicidio, alarme a más de uno; o acaso lo soliviante. Trataré de explicarme. En principio, me pareció un buen gancho, una provocación necesaria para llamar la atención; luego vinieron a mi memoria las frases de dos personajes venezolanos muy disímiles entre sí pero que quizá oculten un secreto vínculo que los relaciona; involuntario, pero de poderoso significado. 
Hace unos años, una editorial eslovena me pidió que preparara una antología de relatos venezolanos contemporáneos y yo acepté entusiasta. No hay que desaprovechar toda oportunidad de promoción de la cultura de un país con tan pocas posibilidades de ser reconocido por algo más que el petróleo, el populismo, las misses y las telenovelas. Escribí entonces unas palabras preliminares, parte de las cuales quiero rescatar, porque allí empezó a gestarse esta idea del «suicidio patrio»: Venezuela es un país esencialmente insumiso. No sigue reglas; las inventa. Condiciona sus leyes y las amplía (o las tergiversa); sigue un programa con obsesión y lo deshace en cuanto puede; es formal y coloquial, cariñoso y distante; exuberante y parco. Perezoso y workahólico, alegre y depresivo; musical y ruidoso. Desierto y selva; páramo nevado y calurosa sabana; mar Caribe y caudaloso río Orinoco: empeñado en ser grande y original, no se cansa de caer en los lugares comunes de los países ricos pero sin riqueza, aunque su mestizaje tal vez lo salve del desgobierno total y de la condición bipolar con que toda dicotomía amenaza. Verborreico y lacónico, su casi millón de kilómetros cuadrados se defi ne con un hermoso diminutivo: Venezuela, o sea, la Pequeña Venecia. Y se percibe desde el nombre que este país puede ser, además, una continua contradicción. La contradicción del que no se somete nunca y siempre busca una nueva opción, una nueva propuesta, una nueva salida a su creatividad. Sus habitantes no se conforman fácilmente con soluciones simples o conocidas; de hecho, una de sus mayores figuras civiles, Simón Rodríguez (1769-1854), maestro de Bolívar y reformador de la educación en la América del siglo XIX, ilustrado, políglota e inquieto viajero, dejó para el consumo del subconsciente venezolano una frase que está grabada en nuestras neuronas con el hierro candente de los destinos aplazados: o inventamos o erramos. 

«O inventamos o erramos». Rodríguez, consciente de que las repúblicas que recién nacían en América se enfrentaban a un reto enorme y que no serían los viejos modelos europeos los que las ayudarían, en Sociedades americanas (1842) lanzó esa brillante pero peligrosa frase como un revulsivo para sus compatriotas. Inventamos, o nos morimos. Inventamos, o desaparecemos. Más de un siglo después, y por razones completamente distintas, uno de los últimos presidentes venezolanos, Carlos Andrés Pérez (1922-2010), cuya (quizá injusta) fama de poco leído entonces era célebre (también la de su esposa), acuñó para el diccionario del escarnio y el chascarrillo en Venezuela una palabra que aún hoy se usa con humor; incluso Nicolás Maduro, al presentar su memoria y cuenta del año 2014, utilizó el vocablo de manera irónica: «autosuicidio». 
Pérez no parece haber tenido, ni mucho menos, la consciencia lingüística del maestro Rodríguez que anima a inventarse el mundo o a condenarse al yerro; pero me temo que la cándida temeridad verbal de CAP es una de las hijas bastardas del consejo del sabio. La capacidad para improvisar, para guataquear sin pestañear del venezolano tiene en el chusco y redundante neologismo presidencial un emblema que debería servirnos de advertencia: no toda invención es producto de la improvisación. Ni le conviene siempre a la invención el gesto arbitrario del que no sabe ni quiere saber. 

Quizá debí subtitular este libro biografía de los suicidios, porque en realidad se trata de eso; de que cuando se revisa su historia y, sobre todo, la de los últimos setenta años, es imposible no pensar que el país se abocó con devoción a autodestruirse reiteradamente, tal vez con la esperanza de un renacimiento producto de la suerte que trae inventar para no errar. También cabe la posibilidad de que la invención sin prudencia desemboque en un «autosuicidio», y no en legítima defensa. 
Mi intención aquí es la de escudriñar en lo que ha ocurrido y por qué; mostrar al lector no familiarizado, en pequeños cuadros que son los fragmentos de que se compone, qué es eso que llamamos Venezuela y cuáles algunas de las causas por las que ha llegado al estado en que se encuentra. Tal fue el reto que me propuso Philippine González-Camino, mi editora, a quien agradezco enormemente la idea, el estímulo, la confianza y el apoyo: lo que sigue es el testimonio de ese intento, que empezó a tomar forma, entre otros, sobre la base de un artículo mío publicado en 2013 en la Revista de Occidente a petición de su Secretario de Redacción, Fernando Rodríguez Lafuente, a propósito de la muerte de Hugo Chávez. En el fondo, uno jamás deja de dar vueltas en torno a las mismas ideas. Aprovecho también para agradecerles a la filóloga Amelia de Paz y al historiador Sergio Rodríguez Lorenzo sus valiosísimas sugerencias, a pesar de las cuales reclamo para mí los numerosos defectos de este libro. A Marianella Castro debo agradecerle la enorme generosidad al ceder su espléndida foto de María Lionza para que «proteja» estas páginas. Y agradezco también a mi primera lectora, Fátima Aranzabal, que detecta como nadie los errores de un manuscrito. 

Inventé o erré: lo comprobará el que recorra estas páginas. Por esta razón el lector tendrá la posibilidad, si quiere, de leer el libro en el orden que le apetezca más; creo que el conocimiento existe en varias dimensiones y flota como las neuronas en el cerebro. El conocimiento va llegando en trozos dispersos, y se suma, y es adiposo y así es como genera nuevas ideas. Por eso he tratado de que el orden no sea excesiva mente rígido… Me gustaría que este libro se leyese siguiendo las instrucciones de Cortázar para entrar en su Rayuela: a saltos, con el programa que da la intuición. 
Una aclaración de vocabulario. Encontrará el lector en este libro, no pocas veces, diferentes términos para referirme a la región de donde provengo: Latinoamérica, Iberoamérica, etc. Quiero dejar firme constancia de que abjuro de todos ellos. América Latina es un calificativo inventado en la Francia del siglo XIX con fines espurios; el gentilicio que nos identifique debería ser el de «americanos»: ¿qué otro nombre más genuino si hasta Andrés Bello apuntó en el título de su Gramática que estaba «destinada al uso de los americanos»? Pero ya que no podemos zafarnos de la servidumbre de los gentilicios (soy valerano, trujillano, venezolano, americano, etc.), que por lo menos sean los que estén menos contaminados. Aun así, he decidido no pelearme más con la poderosa fuerza de la costumbre; pero que la costumbre no amanse la airada protesta. 
Esta es, pues, una biografía de cuán suicidas hemos sido los venezolanos, siempre tan pueriles, tan frívolos, tan serios, trabajadores y perezosos. Tan contradictorios y cordiales; tan graciosos y listos. Y tantas veces tan pendejos (huevones).
VER+:




Empleando las técnicas del monólogo en primera persona, la crónica, el testimonio y el ensayo, y usando la literatura de un escritor emblemático del siglo XX latinoamericano (Mario Vargas Llosa) como punto de apoyo para poner a dialogar a la ficción con la historia con mayúsculas, Zapata ejecuta una radio- grafía política y moral de su país. Nos muestra cómo una clase dirigente que empezó significando la buena cara del continente acabó en lo que está convertida hoy. Y lo hace explorando la psicología de sus viejos líderes, de quienes tuvieron en sus manos la responsabilidad de llevar a Venezuela al primer mundo y optaron por alejarla de él, así como los actuales, los que dieron el puntillazo a lo bueno que había. El lector asistirá así a la narración de los hechos que a lo largo del tiempo llevaron al surgimiento de uno de esos caudillos que parecían confinados a los libros polvorientos de la historia del populismo latinoamericano y han cobrado una actualidad espeluznante. También verá con nueva luz hechos recientes, ocurridos a bajo el populismo autoritario, que son objeto de una incesante propaganda tendiente a nublar la verdad e instalar mentiras en la conciencia de la gente. Pero, atención: no es un libro pesimista. Uno no emerge de sus páginas con desaliento sino con una melancolía no exenta de estímulos para imaginar una Venezuela mejor.



miércoles, 25 de abril de 2018

🎶 "PUEBLO GUEVÓN" Y CUIDADO CON LOS BOLUDOS 💩


Pueblo Guevón 
Marze Rodríguez
🎶
Cómo puede mi pueblo tener tanto aguante
todo el mundo lo roba y él sigue feliz
dicen que hay unos males que son los causantes
de la sarta de ladrones que viven aquí
elegimos a un grupo de gente importante
que prometen el cambio pa nuestra nación
mientras que hacen la ley se reparten campantes
los contratos esperando su comisión

Roba el blanco, roba el verde, roba el rojo y el azul
de donde sacan los fondos pa ganarse esa curul
con razón no pasa nada, no prestamos atención
si el escándalo del siglo lo olvidamos con un gol
que la selección de fútbol pal mundial clasificó

Esta es mi tierra linda, es mi nación
parece de mentiras, pueblo guevón
esta es mi patria boba, es mi nación
parece de mentiras, pueblo guevón

Y después monumentos le hacemos a aquellos
que se llevan la plata para otro país
y en la tele nos dicen según un sondeo
que somos de este mundo el lugar más feliz
cómo pueden nos suben los tales impuestos
y los niños muriéndose de hambre y de sed
pero pa la salud no alcanzó el presupuesto
y después el culpable sigue siendo usted

Roba el blanco, roba el verde, roba el rojo y el azul
de donde sacan los fondos pa ganarse esa curul
con razón no pasa nada, no ponemos atención
si hasta el muerto más sentido lo olvidamos con un gol
que la selección de fútbol pal mundial clasificó

Esta es mi tierra linda, es mi nación
parece de mentiras, pueblo guevón
esta es mi patria boba, es mi nación
parece de mentiras, pueblo guevón

Yo no quiero más silencio
si soy parte de esta historia
no perdamos la memoria
que es el único remedio
pa luchar hay que acordarnos
que esta viva la nación
que nos toca estar unidos
pa acabar la corrupción

Esta es mi tierra linda, es mi nación
parece de mentiras, pueblo guevón
esta es mi patria boba, es mi nación
parece de mentiras, pueblo guevón



CUIDADO CON LOS BOLUDOS - FACUNDO CABRAL

El universo siempre está dispuesto a complacernos, por eso estamos rodeados de buenas noticias. Cada mañana es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia. Porque cada niño que nace significa que dios todavía cree en nosotros, si no no seguiría mandando gente al mundo. Es más, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos.

Mi abuela decía -Habría que acabar con los uniformes que le dan autoridad a cualquiera, porque ¿Qué es un general desnudo? 
– Tenía derecho a hablar de esto porque ella estuvo casada con un Coronel. Que eso si había que reconocerlo era un hombre muy valiente. Solamente le tenía miedo a los boludos.

Un día le pregunte ¿Por qué? y me dijo: 
– Porque son muchos, ¡no hay forma de cubrir semejante frente! Por temprano que te levantes, a donde vayas, ¡ya está lleno de boludos! y son peligrosos, porque al ser mayoría eligen hasta el presidente… Y los hay de toda categoría, por ejemplo:
  • El boludo informático, que es un boludo computado.
  • El boludo burócrata, que es oficialmente boludo.
  • El boludo optimista, que cree que no es boludo.
  • El boludo pesimista, que cree que él es el único boludo.
  • El boludo esférico, porque es boludo por todos lados.
  • El boludo fosforescente, porque hasta de noche se ve que por allá viene un boludo.
  • El boludo de referencia, ¿Dónde está Alberto? allá al lado del boludo de traje marrón.
  • El boludo de sangre azul, que es hijo y nieto de boludos.
  • Y el más peligroso de todos, el boludo demagogo, que cree que el pueblo entero es boludo!

martes, 24 de abril de 2018

VENEZUELA DEVASTADA Y METAMORFOSIS DIÁBOLICA


METAMORFOSIS DIABÓLICA

Había pobreza pero la transformaron en miseria extrema. 
Había crimen y fue canonizado. 
Había muertes y las santificaron. 
Había tristeza pero la volvieron llanto. 
Había dolor y lo multiplicaron.

Crearon la forma sublime del sufrimiento humano: el dolor de los ancianos, que los dejó sin lágrimas, hambrientos, sin hijos, sin nietos y en la soledad eterna. 
Asesinaron la familia, la educación y los maestros, y los jóvenes se quedaron huérfanos. 
Arruinaron el trabajo honesto, el ahorro, y la vida de todos se convirtió en un mar de espinas. 
Devastaron el país, y la traición hizo que borraran la palabra patria.

Quedó transformada en el reino de la angustia y el desconsuelo, la madre de todos los tormentos. 
Robaron las riquezas, el esfuerzo ajeno, la ilusión de crear y la esperanza colectiva. Se perdió el rumbo y se perdió el destino. 
Sólo ellos disfrutaron, y su mancha siniestra por todas partes dejó sus huellas.

Hijos de culebras, de lobos hambrientos, horrible parto de las hienas. 
Infausta metamorfosis que nos hundió en la más oscura de las noches. 
Las trompetas rojas vitorearon esa banda destructiva manejada desde el centro mismo del infierno. 
Estirpe de monos y gusanos en edición de cerdos.

La que borró la historia y creó esa raza nueva de adulantes ciegos, de camaleones rojos, estirando las manos para silenciar la muerte de su futuro negro. 
Transfiguraron la belleza de los campos, volvieron barrancos las montañas y surgieron lodazales donde había lagos. 
Demolieron bosques y paisajes y regalaron el fondo de la tierra, las minas y sus selvas.

Cuba fue la nueva patria, Irán la religión de muerte. 
Y a su lado, China y Rusia, las de las largas marchas de infinitos muertos. 
Desaparecieron el amor, la dignidad, el ejemplo honesto y la belleza. 
Pobre patria, que desde lejos el mundo horrorizado mira los relámpagos siniestros de su tormenta.

Transmutación diabólica, la que hoy consume a Venezuela.

DEVASTADA

Sinónimo de desierta, destruida, arruinada, abandonada, desolada, arrasada…, así luce mi ciudad, mi Maracaibo querida, hoy se parece más a Macondo que a aquella ciudad por el sol amada, radiante y progresista, que fue la primera en el país en tener electricidad y que hoy somos la ciudad más castigada con la ausencia de ella. La causa, no es el fenómeno del niño, ni la niña, es por un proceso lento y sostenido llamado revolución que llego a estas tierras para arrasarla, que llego preñada de resentimiento y odio de la mano de unos ciudadanos con el alma enferma, que se dedicaron a capitalizar lo peor, expertos en manipular, sembraron más miseria, la auparon, castigando a la clase media y obrera calificada hasta desaparecerla desplazándola, expulsándola, anulándola, rebajándola…Las universidades son el mejor ejemplo: aulas vacías de almas, de jóvenes, de profesores…que han huido de la vorágine destructiva, antes de que se los trague con sus fauces de maldad insaciable.

Las empresas se quedan sin sus empleados, capacitados durante años y los dueños tienen que asumir las tareas, que antes delegaron porque la empresa progresaba, crecía; hoy con un proceso a la inversa, se minimiza, se queda sin empleados, sin materia prima, apaga motores, elimina líneas de producción, con mantenimiento imposible de ejecutar y una facturación de muchos bolívares pero menos unidades vendidas…la hiperinflación también llegó y es la que ha terminado por devastar lo poco que quedaba. No hay trabajo decente que pueda hacerle frente, la sensación de empobrecimiento acelerado es dolorosa, y la imposibilidad de resolver el día a día es tan desesperante que ha comenzado a deprimir a más de uno, llegándonos muy cerca a todos la terrible experiencia de saber de alguien cercano que no aguanto más, que se quedó sin argumentos para seguir luchando y tomo la decisión de suicidarse.

Los “revolucionarios pobres” que quedan, la ignorancia los protege, siempre vivieron en la miseria sin querer salir de ella, porque era más fácil que el gobierno de turno les resolviera a tener que estudiar y trabajar, este gobierno de hoy lo hace muy bien!! En eso son excelentes, y es que claro, necesitan a la gente más pobre, más miserable, para dominarla, es más, financian la reproducción diciéndoles que por cada muchacho que paran les darán esto y aquello (migajas pues) y ellos se lo creen. Y cuando unes eso, con la falta de educación sexual, con la prostitución por pan, con la promiscuidad, y cero campañas profilácticas, cero condones en el mercado, etc…, el problema se multiplica por mil…

Los “revolucionarios malandros” los hay de dos niveles: los del poder/ enchufados y los de abajo (necesarios para acorralar a la decencia); los mantienen con el buche lleno, los dejan ser y hacer, les dejan crear mercados paralelos, ficticios; el poder les ayuda a creando distorsiones con controles, expropiaciones, escasez, persecución, para que surjan exitosos: contrabandistas, bachaqueros, minadores, extorsionadores, cobradores de vacuna, ladrones, ladronzuelos, asesinos, etc. Ellos viven como peces en el agua y como reyes en el desastre, cerca puedes tener a algunos, se identifican fácilmente: sin educación, patanes, arreglan todo con un revolver, tienen tremenda camionetota último modelo, hacen bonches a cada rato con la música a todo volumen, etc., son los únicos que celebran sin tener motivo aparente, pero celebran sun bonanza mal habida, la facilidad para tenerla, se siente héroes y artistas en la materia.

Suena duro, pero es así, en este momento llevo ya 8 horas sin electricidad, tengo que apurarme en terminar, la batería de mi ordenador portátil se agota; tengo muchas más cosas que quiero decir para desahogarme, para que la impotencia no me aplaque, para que la desidia no me consuma, la inercia no me borre del mapa; escribo para no dejar de existir, resisto inventando y reinventándome, hago poesía y rezo para que mi alma no se entristezca, caridad para que mi corazón no se endurezca. Trato de encontrar la belleza, ya no en el paisaje urbano que hoy luce desolado, repleto de basura, moscas y polvoriento, la busco en ese árbol que se resiste a morir y aun da flores, en los pájaros, en una iguana que se asoma desconcertada, en nuestra gente buena, en mis amigos, en mi familia.

Desde hace un mes han intensificado el plan “administración de cargas”, no es más que un vulgar y grotesco racionamiento eléctrico por ineficiencia, malversación, falta de pericia y experticia porque en este país la meritocracia fue desplazada por la chorocracia, falta de mantenimiento, de ampliación de la capacidad de generación eléctrica, etc.; ahora nos racionan tres horas dos veces, el turno de la madrugada es el peor… y algunos días, es cada tres por tres, quien puede planificar, ejecutar, crecer, hacer con esta incertidumbre en una ciudad de un clima inclemente donde las temperaturas alcanzan los 40 grados? Y no hablemos de la humedad por nuestro maravilloso lago, es que pareciera que se nos evapora hasta el alma.
Yo no puedo perdonarlos, no puedo tener clemencia para tal grado de devastación planificada y coordinada!
Ya nada es como fue, sobrevivir aquí nos prepara para un futuro mejor, no tengo duda, y la experiencia, aunque es muy traumática, dolorosa y para algunos ya imposible de vivirla, servirá para que nunca más vuelvan a gobernar los que destruyeron este hermoso país, que aun cuando tenía problemas, no eran de esta magnitud! porque aquí, el que quería progresaba moral y económicamente, bien trabajando o bien estudiando porque la educación también era gratuita y excelente.

Nuestros jóvenes han tenido que marcharse, y algunos de nosotros, que nacimos en la Venezuela que fue “Un País para querer” también no los planteamos, porque comienza a asfixiarnos, a dejarnos sin aliento, porque ya no esperamos que pase nada bueno y poderoso para que se logre el punto de inflexión y salgamos de esta desgracia que nos arropa. Hasta los que llegaron a este país en otrora, ahora también quieren marcharse, desgarrados porque de nuevo se sienten desterrados…

Cuánto dolor por estas calles… donde ahora solo florece el hambre, la maldad y el abandono convirtiéndose en un Macondo, polvoriento y desolado, donde todo es posible gracias al realismo mágico de la revolución.

Pd. Esta vez fueron 10 largas horas y muy calurosas.